
Con qué ilusión, amor,
Ay, con qué cariño,
desde los frágiles andamios
de tus brazos,
comienzo a mirar al vacío.
Me tiemblan las fuerzas,
siente pánico el miedo,
me sobran las ansias...
Pero muy poquito a poco
me voy muriendo
por ser el objeto de tu mirada.
Si me faltara tu luz, amor,
estaría de más el mañana.
Me sonríen tus ojos, casi ausentes,
mientras lucho por trepar hasta tus labios;
recoge mis pedacitos, amor,
si es que me caigo.
Y recorro su perfil cientos de veces,
igual que un condenado,
me siento tan feliz, amor,
en el corredor de la muerte de tus labios.
Si me has de matar, amor,
tan sólo te pido un beso;
déjame morir en tus brazos
y entiérrame entre tus párpados.
Si me resbalara entre tus lágrimas,
o se te olvidara que no me amas,
por favor te lo pido, amor,
mátame con otro beso,
que jamás me cansaría
de resucitar de entre los muertos
para que tú me mataras de nuevo.
Y si tus labios se equivocan
y llega confundido a mi boca,
un beso de amor apasionado
que incinere en un sólo segundo
todo mi cuerpo,
este polvo enamorado, amor,
suplicaría de rodillas
posarse sobre tus zapatos,
para volver a sentir tus manos,
para volver a sentir tu aliento,
aunque yo, aunque yo esté muerto.
|